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   Carrera 7 HANDICAP URUGUAY

BOTAFOGO, el caballo del pueblo.
YATASTO, el crack Argentino.
LUNATICO, el pingo de Gardel.
FORLI, la leyenda.
MAT BOY, sin rivales.
CYLLENE, no tiene precio.
FITZCARRALDO.
INVASOR, el mejor caballo del planeta.
TELESCOPICO, el ultimo cuadruple coronado.
OLD MAN, Jefe de Raza.
BAYAKOA, una yegua unica.
LA MISSION, la mejor yegua de pista argentina.
BAYAKOA, una yegua unica.

La leyenda de Bayakoa nació en una carrera increíble, hipnótica por las fuerzas en juego y por su terrible final.
Probablemente las hazañas de Invasor más acá en el tiempo o las de Yatasto allá a lo lejos sean las primeras que lleguen a la mente del seguidor de la hípica. Pero Bayakoa fue única de muchas maneras.
Venía de una estirpe guerrera para las pistas. Nació en el 84, hija de Consultants Bid y Arlucea, pero con el linaje de Nearco, un semental italiano prodigioso. Después de un paso breve, pero exitoso, por los hipódromos argentinos, fue vendida a una pareja de millonarios estadounidense y puesta a entrenar por el genial Ron McAnally en California.
En el 89, se quedó con el Ruffian Handicap y con el Santa Margarita Handicap, dos carreras importantes. Y coronó el año con el Distaff de la Breeder's Cup, una carrera para potrancas y yeguas, el "Clásico de las Damas", en una jornada hípica que sólo se ve superada por el tradicional Derby de Kentucky.
Al final de ese año, Bayakoa ganó por primera vez el premio Eclipse, algo así como ser considerada la mejor del mundo, entre las yeguas de más de cuatro años. Ese mismo año, una pura sangre más joven y nacido en Estados Unidos, Go for Wand, ganaba el Eclipse en la categoría de las potrancas de dos años. En ese escenario imaginario, los dos caballos compartieron la foto. Más tarde compartirían otras imágenes, más dramáticas.
Go for Wand también se había ido vencedora en la Breeder's Cup de 1989, pero en la carrera Juvenile para potrancas. Las dos eran altivas y arrasadoras, pura sangre de primera. Cracks. Era obvio que se iban a encontrar en alguna pista, más temprano que tarde.
Y se encontraron un año después, el 26 de octubre de 1990, para el Distaff de la Breeder's Cup, nada menos, en Belmont Park. Bayakoa, la yegua argentina, con la intención de ser la primera en ganar la carrera dos veces. Go for Wand como favorita. La expectativa que generó la carrera obligó a una improvisada transmisión con operarios de Entel en el Hipódromo de Palermo, que la incluyó en sus apuestas. En EE.UU., la fija era Bayakoa. En Buenos Aires, la mayor cantidad de apuestas fue para –bolsillo mata corazón- Go for Wand.
Nadie que haya asistido a esa Breeder's Cup recordará otra carrera salvo esa, de poco más de una milla. Sonó la campana y Bayakoa arrancó morosa. Por el contrario, Go for Wand se mostró combativa desde el comienzo. Pasados los primeros metros, y todavía en pelotón, la yegua argentina pareció en un puñado de pasos tomar el control. Pero al momento de despegarse tenía compañía. "¡La batalla se inicia temprano!", anunciaba el relator.
Para el cuarto de milla, Bayakoa y Go for Wand tenían su propia carrera, mientras Colonial Waters intentaba ser la tercera en discordia. Por adentro, Go for Wand tomó una leve ventaja, pero Bayakoa corría suelta por afuera. "¡Un juego de ajedrez en la recta opuesta!", exclamaba el relator, impresionado por la paridad.
Desde la media milla en adelante, ya no hubo ni sombras de terceros. Eran Bayakoa y Go for Wand a centímetros. Dos máquinas perfectas de la naturaleza empujándose, una a la otra. "!Un choque de campeonas!", se conmovió el relator. Go for Wand por adentro, al máximo. Y Bayakoa desafiante por afuera, presionando, casi despiadada, inconmovible en su objetivo..
"Go for Wand venía bárbaro. Creo, sin equivocarme, que era la mejor carrera desde sus comienzos. Además, tenía resto para aguantar la pelea con Bayakoa", afirmó después Randy Romero, su jockey.
Cuando entraron al "derecho", la pelea era palmo a palmo. Nunca se escuchó un ruido tan ensordecedor en Belmont. "Dramático", exclamó en un momento el relator en la recta final, desde lo deportivo. Segundos después, habló de "una tragedia", pero en otro plano.
Faltando 200 metros, con los dos pura sangre nariz a nariz, Romero cambió la fusta de mano y azuzó a Go for Wand por el lado izquierdo. Hermosas y fieras, las dos llegaron al lugar en el que está enterrado Ruffian, una leyenda que en los 70 murió en la pista en su onceava carrera, después de haber ganado sus primeras diez.
Bayakoa, la yegua argentina ejerció sobre su rival una presión infernal. Go for Wand la resistió hasta ahí. A ese puñado de metros del disco, se desplomó. Laffit Pincay, el jockey de Bayakoa, creyó en un principio que su rival había saltado una sombra. Siguió, y ya en soledad, Bayakoa cruzó la meta a pura potencia. Go for Wand no había saltado una sombra. En realidad, era mucho más grave.
Quebrada, Go for Wand quedó vagando por la cancha, con su jockey tendido en el suelo. Romero sólo sufrió golpes y se recuperó rápidamente. La herida de Go for Wand fue terrible y debió ser sacrificada poco después. El impacto es grande: Ron McAnally, entrenador de Bayakoa, no pudo evitar las lágrimas en un momento que debió haber sido de festejo.
Las dos pura sangre compartieron una milla nariz a nariz, en una carrera desenfrenada en la que fueron rivales, pero no sólo eso. Y en un instante, los caminos se separaron. Para una fue la gloria, para la otra el drama.

Go for Wand fue enterrada en el hipódromo de Saratoga, donde por primera vez en 126 años un ejemplar fue sepultado en el óvalo interior de la pista.
Bayakoa murió en 1997 y dejó descendencia pura sangre. Fue introducida en el Salón de la Fama de la Hípica de los Estados Unidos un año después. La revista The Blood-Horse la incluyó en un ranking de los 100 mejores pura sangre del siglo XX, en el puesto 95. Laffit Pincay, un jockey con casi 10 mil triunfos, dijo que fue la mejor que dirigió. San Isidro tiene un clásico con su nombre.
Go for Wand también fue incluida, de forma póstuma, en el Salón de la Fama.