
Tómelo o déjelo. El hipódromo de La Plata
se parece mucho a un caso perdido. Tironeado por autoridades ignorantes sobre
la forma en que se gestiona este negocio y gremios omnipotentes, que disponen
de una propiedad privada que no les pertenece (los caballos), siempre está al
borde del cierre o de la privatización.
Y en aquella palabra, “negocio”, está el
quid de la cuestión. Porque el partido del actual gobierno de la provincia no
la entiende si no se practica en beneficio propio, y no deja que una empresa lo
haga porque hace más de 20 años que viene demostrando, ese espacio político,
que desprecia a los que lucran legítimamente si no coinciden con su signo, pese
a que es una actividad que da trabajo, que mejora los bienes que usa (una
ciudad, un hipódromo), que si no le ponen un pie encima es capaz de progresar
en un país donde lo normal es ir para atrás.
El reclamo para que La Plata se ponga al
día con los premios choca por los dos costados del camino. De un lado, los
jockeys y entrenadores, que le exigen soluciones a un Instituto de Lotería en
el que Gonzalo Atanasof lleva 20 días al mando. Un trabajador que conoce las
entretelas burocráticas opinaba por estos días que Omar Galdurralde, su
antecesor, no fue tan apremiado como Atanasof con las demandas. Del lado de la
administración del hipódromo, parece un convidado de piedra en todos estos
laberintos, porque ni siquiera puede disponer de lo que recauda en cada reunión
de carreras, ya que el camioncito de caudales se lleva todo a poco de finalizar
la jornada. Se supone que al Ministerio de Economía. Ni caja chica hay, dicen. Esa
es la diferencia con San Isidro, que maneja su recaudación genuina y en
ocasiones puede solventar el atraso en el envío del fondo de reparación para
pagar premios.
Los jockeys, que no tienen problemas en
trabajar en los vareos matutinos, están manteniendo esta mañana un encuentro
con autoridades del hipódromo. Eso sí, cuando REVISTA PALERMO preguntó si había
chance de que luego de ese cónclave hubiera fumata blanca y se levantara el
paro del jueves, como para tener tiempo de que la edición Azul saliera con
algún margen -no como la de martes, que se imprimió en vano-, dijeron que hasta
las 10.30 no habría una reunión porque los jockeys tenían que ejercitar a sus
caballos.
Esta situación molestó a funcionarios del
Bosque como el subadministrador Bernardo Lalanne, por el carácter selectivo de
ejercer su tarea jinetes y entrenadores. “Estamos dando nuestras pistas para
que se preparen caballos que van a correr en San Isidro y La Plata”, señaló. Lo
cierto es que prevaleció el criterio de la Asociación Unificada de Jockeys y
Cuidadores La Plata, que comanda el jinete Matías Ferreyra, que en una asamblea
decidió por mayoría que no se presentaban a correr.
Del lado de la Unión de Profesionales, que
tiene a Matías Guzmán como secretario general, la idea era trabajar en la
reunión de ayer. Al mediodía, Cleber Sanguinetti, integrante de la Comisión de
Carreras, informaba extraoficialmente que “la administración garantiza la
reunión, pero depende de cuántos jockeys quieran correr. Las carreras no están
suspendidas, pero debe haber un mínimo de jockeys asegurado. No se puede
retirar un caballo por no tener jockey; si el propietario a mí me dice ‘anotá y
corré’, tengo que correr”.
El nuevo director de Hipódromos es Juan
Puleston, un funcionario que proviene del Ministerio de Justicia bonaerense,
que al igual que varios de los recientemente nombrados en Lotería “no tienen
firma” para definir, por ejemplo, los
arreglos en la empalizada y la reparación del cromatógrafo, que permitiría al
laboratorio trabajar independientemente del de San Isidro, que son otros
reclamos de los profesionales. “Es un paro que no entendemos”, dijeron cerca de
la administración que preside Mariano Cowen sobre la medida de fuerza. Pero
todos saben de qué se trata.