
Cuando
ocurren situaciones como la baja de un elemento fundamental para seguir las
carreras de caballos, se recurre a frases como “es un signo de estos tiempos”,
para explicarla, más que para justificarla. Por lo menos es lo que se escucha
en el hipódromo de Palermo cuando la vieja guardia se junta alrededor de una
mesa o en algún corrillo espontáneo en las tribunas. Y todo porque en el
escenario porteño quedaba el último bastión de un emblema de la información,
imprescindible para el apostador.
Apagadas
las lamparitas desde el nefasto temporal que obligó a suspender la reunión del
lunes 11 de septiembre en medio de un conflicto por una falla en el sistema de
comunicaciones (nunca explicada), el totalizador entró en una penumbra que se
hace más negra cuando uno, por instinto, levanta la mirada que estaba fija en
la revista para ver “cuánto paga el
Como alguna
vez el totalizador sustituyó a las viejas pizarras, donde la tiza o la chapa de
metal servían para mostrar los cambios que cantaba el movimiento de apuestas –más
a mano y artesanal, imposible- ahora es el tiempo de las pantallas. La
informática había venido a cambiar el hábito de la jugada, permitiendo que se
efectuaran casi con el anuncio de largada. Antes, el lapso entre que se
anunciaba el cierre del sport y que se conocían los dividendos probables se
prestaba para especulaciones. Eso dejó de pasar ya antes de la era de las
exactas, trifectas e imperfectas, que comenzó en diciembre de 1979, en San
Isidro.
El
totalizador ofrecía ese vistazo en el que se podía ver la boleteada, que
permitía saber, entre otras cosas, que algún caballo estaba más jugado “a
segundo” que a ganador. Ahora hay que estar más tiempo atento a los cambios en
la información en los televisores y el streaming. Las pantallas gigantes
sustituyen buena parte de la información del totalizador, pero no están
permanentemente disponibles para eso, entre publicidades, paseos y canters y
hasta las agradables notas con los protagonistas que hace Lía Camps, todas muy
bienvenidas. Son detalles pero hacen al hábito de aficionados que en un
parpadeo conocían los movimientos de los dividendos.
Maroñas, el
Club Hípico de Santiago, Chile, Valparaíso Sporting Club (Chile) no cuentan con
totalizadores. Hipódromo Chile, en tanto, encaró en 2019 trabajos para reparar
el totalizador ante una situación que se consideraba “insostenible, ya que el
alto costo de manutención fue dejándolo fuera de servicio y era nada lo que se
podía observar”, decía un informe. “Pero es un elemento indispensable
–continúa- que el apostador puede ver los paseos y los dividendos
inmediatamente” y esto sin desmedro de que hay “más de cien televisores que
ofrecen la información”. Hoy el espacio del totalizador se convirtió en una pantalla
que reproduce las imágenes de TV.
En este
contexto, Palermo enfrentaba el mismo dilema que el del hipódromo palmeño, con
un sistema que requería muchas más refacciones que el mero reemplazo de
lamparitas, que ya suponía una inversión, señalaron los directivos del
hipódromo, entre los que hubo opiniones diversas, aunque todas tendientes a
desafectar el servicio.
Por ahora
no se quiere abundar en detalles, pero estaría en estudio instalar una pantalla
de mayores dimensiones a la actual –que es excelente- que permitiría un acceso
visual más abarcador y lejano, en especial de los datos. En San Isidro la
pantalla gigante funciona bien, apoyada con otras más reducidas que también tienen
muchos espectadores, como la del Paddock.
La mayoría
de las costumbres centenarias cambian, o adoptan otros aspectos. Las carreras
de caballos andan en eso.